
En la edición 150 de Avant celebramos 20 años contando historias de lujo, cultura y carácter. Y si hay un producto que encapsula territorio, tradición y sofisticación en una taza, es el café.
Guatemala es cuna de algunos de los mejores cafés del mundo, pero también es un puente hacia variedades internacionales que elevan la experiencia sensorial. En esta selección curada por Walter Gelpcke, empresario del café, exploramos cinco perfiles que todo amante del buen café debería conocer.
Variedades Gogogu y Moka: la elegancia etíope
Originarias de Etiopía, cuna histórica del café arábica, estas variedades son apreciadas por su complejidad aromática y su identidad marcada. No siempre son fáciles de conseguir, pero cuando aparecen, transforman cualquier degustación en una experiencia memorable.
El Moka seduce con notas suaves a chocolate ligero, azúcar de maple y especias delicadas. Se perciben también frutos secos y un cuerpo envolvente con acidez cítrica sutil. Es un café profundo, estructurado y elegante.
El Gogogu, en contraste, se inclina hacia un perfil más floral y dulce. Su aroma es limpio y luminoso, con una acidez brillante que recuerda la frescura característica de los cafés africanos de alta calidad. Ambos representan la sofisticación del origen.
Pacamara de Huehuetenango: equilibrio con identidad
Producto del cruce entre Pacas de El Salvador y Maragogipe, el Pacamara cultivado en Huehuetenango es una de las joyas de la región. Su perfil se distingue por un balance preciso entre dulzura y acidez.
En taza, se despliegan notas a miel, caramelo y azúcar de caña, acompañadas por matices cítricos que evocan mandarina y durazno. En algunas cosechas pueden aparecer toques de maracuyá y sutiles notas florales. Su acidez puede ir de moderada a intensa dependiendo del proceso y la altitud, lo que le otorga versatilidad y carácter.
Es un café que dialoga con el paladar y demuestra por qué Huehuetenango es una de las regiones más prestigiosas del país
Caturra de Cobán: frescura de clima nuboso
El microclima húmedo y nuboso de Cobán imprime una identidad muy particular al Caturra cultivado en esta región. Se trata de un café con perfil afrutado y silvestre, de cuerpo suave y cremoso.
Su acidez brillante transita entre lo cítrico y lo herbal, mientras el final se inclina hacia notas dulces que recuerdan el caramelo. Es un café equilibrado, expresivo y fácil de distinguir de otras regiones guatemaltecas, ideal para quienes buscan frescura con elegancia.
4. Ruiru 11 y Batian de Kenia: intensidad refinada
Desde África oriental llegan dos variedades que destacan por su acidez marcada pero sofisticada. El Ruiru 11 presenta un perfil limpio y balanceado, con notas claras a melón y frutos rojos, y una acidez agradable que estructura la taza sin dominarla.
El Batian, por su parte, es más complejo y jugoso. Sus notas evocan mermelada de ciruela, albaricoque y un delicado toque de caña de azúcar. Ambas variedades comparten una intensidad vibrante que las convierte en favoritas entre catadores que buscan capas aromáticas definidas.
Palencia: excelencia premiada
La región de Palencia ha demostrado, una y otra vez, su capacidad de producir cafés de alto nivel. Con un logro destacado en la Cup of Excellence Guatemala 2023, este origen confirma que la calidad no es casualidad, sino resultado de dedicación y técnica.
Se trata de un café complejo, con más de 90 puntos en cata. El perfil puede variar según la finca y el proceso, pero suele recomendarse degustarlo solo para apreciar sus matices con claridad. Notas limpias, estructura definida y un carácter que refleja su terroir hacen de Palencia un referente contemporáneo.
Más que una bebida, una experiencia
En términos de tueste, Walter Gelpcke señala una preferencia por perfiles medios y claros, que permiten preservar las características propias de cada variedad, su ubicación geográfica, altitud y proceso.
Porque el verdadero lujo en el café no está en la intensidad artificial, sino en respetar su origen.
Cada una de estas selecciones confirma que el café es mucho más que una bebida cotidiana: es una expresión cultural, una construcción sensorial y una invitación a detenerse.
Y en esa pausa entre aroma, cuerpo y acidez descubrimos que el lujo también puede servirse en una









